martes, 10 de abril de 2018

Dehesas y Dólmenes. Valverde del Camino 24-3-2018

Después de las abundantes y deseadas lluvias que nos impidieron salir el sábado 17, el tiempo nos dio un respiro y 12 andakanos nos pusimos en camino por la autovía de Huelva hasta alcanzar la Palma del Condado, donde paramos a desayunar. Seguimos 30 kms más hasta Valverde del Camino, que nos recibió con su monumento a la bota, y donde dejamos los coches para comenzar la ruta número 3, una de las 12 que hay en la zona.
Fue una ruta agradable entre encinas y jaras, en los prados jóvenes tachonados de margaritas pacían vacas de pelo rojizo rodeadas por sus ternerillos.
Llegamos al Dolmen Cabeza del Tesoro, al parecer el más importante del complejo, paramos un rato para fotos y disfrute de ese monumento megalítico que fue sin duda de gran importancia para nuestros ancestros. Seguimos hacia el grupo de tres dólmenes llamados los Gabrieles en uno de ellos había una pequeña capilla lateral, ¿Tal vez para los infantes muertos?
Las ráfagas de viento llevaban y traían las nubes blancas y grises dejando algunos jirones de azul pero con poco sol, y así como el paisaje era agradable el viento no lo era tanto, así que Justo decidió acortar el camino y volver al pueblo donde nos fuimos a comer al bar de la plaza.
Después del café, Enrique nos invitó a una visita cultural por la zona donde en 1912 se instalaron los ingleses para explotar las minas de cobre y hierro que allí había, dejando su impronta de elegancia práctica en unos edificios que se conservan bien. En una gran nave parecida a una estación, donde se reparaban los trenes que recorrían las minas, y que ahora lo emplean para eventos deportivos, ese día había una prueba de bicicletas de montaña, y pasamos de largo por el ruido. Subimos hacia una colina donde se encuentra la “Casa de Dirección”, y en los jardines que la rodean una especie de museo al aire libre con artilugios mineros. En la cafetería moderna algunas fotos de la época, y aunque el tiempo no nos acompañó, disfrutamos del encuentro y de la energía vivificadora del paseo por las dehesas. Volvimos a Sevilla que se prepara para su Semana Grande en un baño de azahar.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

domingo, 11 de marzo de 2018

Rivera del Chanza, 24-2-2018


El sol había coronado de luz las copas de los árboles, palmeras y torres del parque de María Luisa, cuando 11 andakanos dejamos Sevilla camino de Cortegana en los Picos de Aroche, donde nos esperaba Paquita y Juan para hacer el sendero marcado.
Dejamos los coches en la parte baja del pueblo, y con entusiasmo y aire fresco buscamos el centro, donde encontramos la fuente adornada con pensamientos multicolores, y allí nos hicimos la foto de salida.
Subimos por la calle principal y nos llamó la atención la alfombrilla de mosaicos en las aceras delante de cada casa, imaginamos que los dibujos tenían relación con los habitantes de estas, el relojero, el jurista, el ganadero, etc., etc.,contemplando esta singularidad del pueblo nos encontramos ya en el camino circular que haríamos por la rivera del río Chanza, al principio era una pista ancha y polvorienta que atravesaba pequeñas fincas con sus huertas, sus perros, gallinas, cabras y aperos de labranza, vestigios de un pasado todavía presente en los pueblos serranos.
La sequía se hacía visible en el paisaje, alcornoques y encinas polvorientas y ese aspecto tristón de los matorrales. Unos potrillos por aquí, un rebaño de cabras con sus crías saltarinas por allá, los cerdos diseminados por las dehesas y algunos corderos en los pardos, acompañaron nuestro relajado paseo hasta que llegamos al río, que bajaba pobre y oscuro por un lecho de pedruscos grises. Nos acercamos al molino de aceite Navalrayo, que estuvo activo hasta los años 70, hoy no es más que un montón de ruinas dispersas por un área bastante extensa, se conserva una pared que más que de un molino parece de una fortaleza y también varias columnas redondas y una torre de 3 pisos que los entendidos dicen que es donde provocaban el salto del agua para hacer funcionar el ingenio.
Parece mentira que solo 50 años atrás aquellos funcionara, de regreso a la pista y tras una subida suave pronto dimos vista al pueblo, llegamos por la parte oriental donde se encuentra el origen del río Chanza, con su fuente, su lavadero público y sus abrevadero para l ganado, allí nos sentamos los primeros en llegar para esperar al grupo y decidir donde comer, Juan fue a informarse y le dijeron que lo mejor era en la “Brasería” junto a la iglesia, una mastodóntica construcción gótico mudéjar de los siglos XIV a XVI, sin encanto, pero que tiene cantidad de agujeros en su torre que hoy aprovechan los pájaros para anidar. “La Brasería” fue en tiempos pasados “Cine Martín” y todo en su interior alude a ello, fotos de artistas, carteles de cine y hasta una proyección constante de películas antiguas.
Comer , no es que se coma de cine, pero tuvimos suerte con que nos atendieran sin previa reserva, lo único bueno y abundante fueron los postres, así que también comidos y bebidos, teníamos que andar un poco antes de coger el volante, subimos al castillo que lucía altivo rodeado de nubes blancas y grises con jirones de azul. Una vez arriba saludamos a la Virgen de la Piedad con su niño serrano y su coro de Ángeles dispersos por las paredes y techos de la ermita.
Desde los miradores, las casas blancas del pueblo y la serranía dilatándose en matices de azul hasta perderse en un horizonte lejano donde solo persiste lo invisible.
Despedida y vuelta a casa, gracias a Dios y a la vida, por otro día hermoso amistoso y feliz.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor


miércoles, 14 de febrero de 2018

Camino de las marismas. 10-2-2018


Mientras media España yace bajo un manto de nieve, como hace años que no sucedía, en el sur tenemos sol, y en esta salida los andakanos nos fuimos a disfrutar de él a un rincón muy especial, no lejos de Sevilla.
Nos juntamos 16 en el punto de encuentro y nos dirigimos hacia los pueblos ribereños del Guadalquivir, hasta La Puebla del Río, donde paramos para desayunar en el “Rincón del Furry”, conocido por los ciclistas del grupo. Seguimos por una carreterita entre pinares donde empezamos a ver en sus copas parejas de cigüeñas preparando los nidos, hasta que llegamos a una cancela de hierro que da paso a la “Dehesa de Abajo”, un lugar idílico para las aves y para los que tienen la suerte de visitarlo como nosotros. Dejamos los coches y empezamos a caminar por un sendero que rodea el parque, que aunque tiene zonas concertadas con privados, que traen allí a pastar sus ganados, la propiedad del parque de 800 hectáreas es pública.
El terreno aunque siempre llano tiene aspectos muy variados, primero nos llamaron la atención los verdes prados llenos de gamonitas, algunas ya con sus varitas en flor, y tan espesas que parecían plantadas adrede. Salpicados por los prados los viejos acebuches, ancestros de nuestros preciados olivares, encontramos un mirador de madera que se asomaba a un circo de paredes erosionadas, donde los coloridos abejarucos hacen sus nidos en primavera.
Seguimos camino y nos sorprendió, además de los coloridos ciclistas que aparecían cada poco, la entrada en un bosque de pinos donde la luz y la sombra jugaban en sus copas haciendo del paseo una verdadera delicia, allí en medio encontramos una casa blanca con techumbre propia de  la zona marismeña a base de ramajes y eneas, era la choza de “El Bala”, un cazador de la zona de los años 1940 y que en la actualidad está cedida a una sociedad de cazadores.
Volvimos de nuevo a cielo abierto con espejo de agua en la lejanía, que al acercarnos nos regaló la visión de miles de aves acuáticas, acogidas en las eneas, juncos y carrizales de sus orillas, también allí había un mirador con suelo de madera que algunos aprovecharon para tenderse y hacer estiramientos, lo que nos hizo descubrir un hermoso vuelo de cigüeñas y otras aves que nos invitaron a volar con ellas.
Nos acercamos a la laguna de la dehesa llamada con el musical nombre de Rianzuela y que se alimenta del Mijalberraque un pequeño riachuelo apenas perceptible que en su humildad alimenta la belleza de ese paraje singular.
En el entorno de la laguna encontramos caballos pastando en manadas y vacas dispersas, aunque en un cercado estaban reunidos los becerrillos, custodiados bravuconas de cuernos alzados y mirada desafiante.
Las familias humanas con sus propias crías también formaban parte del paisaje y se acercaban como nosotros a la choza de avistamiento de aves.
Llegó la hora de ocuparse del cuerpo, para ello nos fuimos al restaurante del complejo donde degustamos un rico arroz con pato y otras cosillas más, comimos, bebimos, gustamos postres caseros, cafés y chupitos y volvimos a pasear por la dehesa para seguir desfrutando del sol, del paisaje sereno de la buena compañía y de ese vínculo de amistad que se fortalece con cada nuevo encuentro, gracias a todos y esperamos que en la próxima Mari Trini y Juan Manuel puedan estar entre nosotros.
¡Paz y armonía en nuestro día a día!
Fdo,: Blanca
Andakana Mayor.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Andakanos en camino 2018.

El primer camino de este nuevo año que estaba previsto para el día 13 de enero, lo cambiamos a causa del mal tiempo por un arroz con pato en las marismas del Guadalquivir. Allí acudimos 10 andakanos que disfrutamos en el Estero de ese plato típico y de la compañía de los amigos. A la salida del local nos encontramos con la sorpresa de un cielo despejado y una temperatura agradable, que nos llevó a dar un paseo por las marismas hasta la Dehesa de Abajo donde las pasarelas nos llevaron hasta la choza de avistamiento de aves en la laguna La Rianzuela, aves había pocas, pero disfrutamos de una hermosa puesta de sol entre nubes grises con una luz especial.

Este sábado 27 de enero, también ha tenido su novedad, en vez de reunirnos en el caballo para la salida lo hicimos en casa “Juanito” donde los 14 andakanos disfrutamos del reencuentro y de un suculento desayuno serrano.
Con temperatura fría pero con sol cariñoso nos dirigimos a Galaroza donde dejamos los coches y empezamos el camino. La foto de salida fue en el fuente del Socavón, un rincón sombrío al pie de una loma donde Enrique nos deleitó con la lectura de una poesía antigua  escrita en un azulejo que hablaba de mozas que carmenaban sus cabellos en aquella recóndita fuente, de allí emprendimos una empinada subida hasta la cima de los pinos que dominan el pueblo, donde partía el camino hacia Valdelarco, que era la ruta escogida.
La ruta discurría entre encinas, alcornoques, jaras y esa infinidad de plantitas verdes que forman los prados preparando la primavera de colores. Fue un sendero muy relajado con pocos desniveles, disfrutando de la caricia del sol, el olor de la tierra, el roce del viento y lo primero que encontramos fue un grupo de mujeres que lavaban las tripas de 3 cerdos en una fuente de la calle, mientras los maridos descuartizaban piezas y reunirse luego para la prueba tradicional  de la matanza.
Era la una cuando llegamos a la plaza, un poco pronto, pero fue un acierto, escogimos el mejor sitio y fuimos atendidos por una camarera alegre y agradable que comenzaba a esa hora su jornada. ¡Que bien estuvimos allí! No recuerdo el nombre del bar, pero las tapas fueron estupendas y generosas, tardamos en comer 2 horas, pero solo eran las 3, así que nos dimos un paseo por el pueblo que tiene el encanto de todos los pueblos serranos y el suyo propio, como la hermosa iglesia renacentista del siglo XVIII, sus adornos de crochet en cadenetas cruzando las calles, restos de la pasada Navidad, en su fuente en la plaza del Ayuntamiento donde una poesía en un azulejo arrancó a María un bonito fandango, y ese mirador asomado a un pequeño valle verde con sus casas y sus huertos abrazados por la serranía. El regreso lo hicimos rápido y en Galaroza nos despedimos contentos de haber compartido un día tan hermoso, disfrutando de la amistad y de esa naturaleza que nos da energía y vitalidad al cuerpo y donde el alma se expande en la esperanza y la luz. ¡Paz a todos!
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor


jueves, 4 de enero de 2018

Navidad senderista 2017. 2 y 3 de diciembre

El 2 de diciembre de 2017, once andakanos tomamos el camino hacia Ronda, en una mañana soleada y fresca. Después de una parada para el desayuno, seguimos camino hasta dejar los coches en plena sierra, junto al sendero del “Cordel de Morón”, una ruta nueva, que nos llevó primero por un bosque de pinos piñoneros de copas altas y cimbreantes, siguió otro bosque de encinas que se prolongó por unas colinas de prados verdes con alguna que otra encina aislada, en una de ellas especialmente bonita, nos hicimos una foto de grupo.
Pasamos luego a una zona más salvaje con un senderito casi perdido entre jaras, retamas, romero, lentisco y mejorana que ofrecían olores a nuestro paso, llegamos al lugar que buscábamos, el mirador de las Toscas, este no era más que un claro a media ladera que dejaba ver un profundo barranco por donde desciende el arroyo de Las Toscas para regalarle sus aguas (cuando las lleva) al río Guadalete. Estando allí parados una pareja de buitres vino a deleitarnos con su majestuoso vuelo en un cielo azul. Regresamos con nuestros bocatas en la mochila, porque ni el aire fresco ni el suelo húmedo nos invitaban a sentarnos allí, así que fuimos a buscar comida y refugio a la venta El Arenal, donde tomamos algo ligero bajo techo protector.
La carretera que cogimos para El Bosque, nos deleitó con sus praderas verdes donde pastaban vacas, corderos y cabras, Zahara de la Sierra nos mostró su gallardía entre dos azules, y llegamos a El Bosque donde nos instalamos en el hotel Enrique Calvillo, donde un año más celebraríamos la cena de Navidad, esta sería a las nueve.
A los once, se agregaron Marilen y David que vinieron directos desde Sevilla, en la cena seguimos el protocolo habitual, entrega de postal navideña de Encarnita y Justo y la entrega del diploma/foto al andakano del año, que este año ha sido Juana, la chica coronada de sol que hemos acogido en el grupo con cariño, El maestro Juan Manuel sacó su repertorio de villancicos, esta vez reducido porque traía la novedad de unas canciones de nuestra época, que solo iniciamos, pues nos llamaron la atención por el ruido, ya que habíamos pasado de las 12 hacía rato, el “zumo sacerdote” José Francisco recitó los conjuros previos a la queimada que este año tenía aparejada la ceremonia de hermanamiento de los andakanos, que consistía en meter la mano desnuda en el fuego, ¡sin quemarse! Algunos fueron decididos, otros mojaron un dedo y otros se resistieron, pero el hermanamiento quedó firmado con fuego, y con el calorcito de la queimada los hermanos nos fuimos a la cama.
El domingo 3 después de un relajado desayuno, acompañados por un viento frío y desapacible, nos fuimos al sendero que acompaña al río Majaceite desde El Bosque a Benamahoma que aunque conocido de otras veces nunca lo habíamos hecho con sus colores de otoño, fue un caminar relajado, disfrutando de cada rincón mágico, de la alfombra dorada que cruje bajo los pasos, del cantar del agua bajando alegre por los guijarros, de las higueras a las que le cuesta desprenderse de sus últimas hojas, y de la alegría de los niños que sus padres habían traído a este lugar encantado.
En Benamahoma encontramos a Loli y Miguel que vinieron a compartir comida y amistad en un bar del pueblo. Desde allí nos dispersamos en varias direcciones, 3 valientes, las más jóvenes, volvieron por el mismo sendero para prolongar el gusto de ese lugar especial.
Un año más  la vida nos ha regalado un fin de semana precioso, nos sentimos agradecidos y contentos de poder disfrutar de la naturaleza en tan buena armonía y amistad. Deseamos que la Navidad sea para todos y cada uno de los andakanos días de amor, alegría y Paz.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

domingo, 10 de diciembre de 2017

Aldea Montepuerto Barranco de la Torre. 25-11-2017

La cita que nos dimos los andakanos para degustar un cocido con tos sus avios, el 16 de noviembre en la casa del Ronquillo de Joaquín, tan acogedora como él mismo, reunió al grupo casi al completo, no ha sido así este sábado 25 del mismo mes, en el que solo acudimos 7 para salir a caminar, y esto amigos da que pensar…
Acompañados por un cielo de grises con algunas coquetas nubes rosas, los 7 nos dirigimos hacia la sierra de Aracena, que esta vez si lucía esos colores de otoño cuyos matices sólo la naturaleza sabe pintar, y cuya belleza alcanza lo más recóndito del alma. Pasamos Aracena y nos dirigimos hacia Aroche, porque buscábamos una aldea perdida llamada Montepuerto, que ni los lugareños conocían. Pedimos ayuda a la Benemérita de Cortegana, que nos indicó como llegar al sitio buscado. Después de pasar por las aldeas de Corte y Cefiñas, perdidas entre dehesas de robles y alcornoques y cuando ya no hay más carretera que seguir, habíamos llegado al sitio con sus 5 ó 6 casas y otros tantos vecinos. Dejamos los coches al pie mismo del sendero que cogimos hasta llegar al barranco de la Torre, en el que ya habíamos estado en otra ocasión, pero que casi ninguno recordábamos, o al menos con el aspecto que ahora presentaba. Un lugar silencioso y triste, con pozas negras de agua estancada y grandes piedras blancas como animales muertos tendidos en el cieno, árboles rotos y caídos y la hojarasca seca crujiendo bajo los pies, completaban un lugar agonizante y sediento…, pero si mirabas más allá de lo que veías encontrabas la belleza de un lugar de ensueños, los árboles parecía esculpidos de forma caprichosa y un hilo de agua corría entre las aguas estancadas, la vida estaba allí silenciosa y palpitante, era un buen lugar para hacerse preguntas y encontrar respuestas.
Disfrutamos de él, cada uno a su manera, y regresamos a los coches, estuvimos tentados en hacer un ¿o qué? Al país vecino, pero optamos por comer en el bar Casino de El Repilado, allí en un clásico salón escogimos una mesa camilla con ropa y brasero, en el rincón donde había más luz y algún rayito de sol filtrado por las grises nubes.
Fue una comida serrana, patatas, huevos y jamón (aunque este tenía poco de serrano), pero lo más nutritivo fue la larga sobremesa relajada y amistosa, recordando otros días ya pasados, pero presentes por la huella que dejaron al vivirlos. Nos costó trabajillo abandonar esa mesa redonda, Mª Luisa y Enrique se fueron para la playa y los otros cinco para Sevilla, cuando las colinas quietas y borrosas se cubrían de la bruma azulada del atardecer seguida de la noche.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

jueves, 16 de noviembre de 2017

Alájar y sus aldeas, 11 de noviembre de 2017

A los andakanos nos gusta disfrutar juntos de la naturaleza, pero hace tiempo que no nos juntábamos un grupo tan numeroso como en esta primera salida del curso, los 16 que componíamos el grupo en esta ocasión, nos fuimos a la sierra de Aracena para dejar los coches en Alájar y hacer la ruta circular pasando por las aldeas de El Cabezuelo, El Collado y El Calabacino, con sus casas calladas y blancas y sus enredaderas y jazmines colgados de sus paredes, para terminar, no sin esfuerzo, en la señera peña de Arias Montano.
A la sierra le está costando vestirse de otoño este año, solo los álamos ponen una nota dorada en los verdes perennes. El cielo era limpio y azul, la temperatura agradable, el paso pausado con breves paradas para respirar, contemplar y echar un traguito de la bota de Joaquín que nos vino de perlas, el último tramo, por una torrentera pedregosa nos costó, pero la ilusión de encontrar cerveza fresca en la peña nos sirvió de estímulo, ya que el arco blanco que divisábamos entre las copas de los árboles parecía inalcanzable, y sí, llegamos a la cima pero de cerveza nada, allí impera la “ley seca” y solo Mari Trini y Juan Manuel encontraron cerveza pero eso sí, sin alcohol, finalmente nos sentamos en la pradera para comer y descansar, había muchas familias disfrutando del sol.
Joaquín repartió la lotería de Navidad y bajamos hacia Alájar después de haberla contemplado desde la altura, derramada en el valle entre un mar de encinas, tomamos café con pasteles en la plaza donde nos esperaban María y Enrique, que no había subido a la peña.
Se acordó que el próximo jueves 16 nos encontraríamos de nuevo en el Ronquillo para disfrutar del buen hacer en la cocina de nuestro amigo Joaquín, esperamos que ese día estén con nosotros Encarnita, Lola, Mercedes P, Miguel y José Francisco, a los que echamos de menos.
La luz mágica del atardecer nos acompañó en el camino de regreso a Sevilla, poniendo el broche de oro a un hermoso día.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor