miércoles, 8 de febrero de 2017

Guillena, circular del embalse del Gergal 28 de enero de 2017

Que el eterno sol te ilumine, el amos te rodee y la luz interior guíe tu camino. Este mantra del yoga me parece ideal para comentar la salida de los andakanos del 28 de enero de 2017, una de las salidas más hermosas de los últimos tiempos.
En la taberna “El Poli” de Guillena desayunamos, después de un recorrido rápido por sus calles, plaza e iglesia que nos dieron la impresión de ser un pueblo agradable. Después del desayuno salimos con los coches por una pista ancha, durante unos 12 kms con chinos y baches, lo que nos permitió disfrutar más de un paisaje agreste con taráis, romero, jaras, palmitos y encinas en el pastaban a placer vacas retintas con sus tiernos terneros, cabras y cabritillos, cerdos y cerditos, al final esta carretera que es llamada la “Cruz de la mujer” hay una bajada en zig-zag, muy conocida por los ciclistas, que llaman “la culebra” y que llega a “la Cantina” donde dejamos los coches y comenzamos un sendero circular que nos llevó por la orilla de la ribera del Huelva, que con sus aguas verdosas y calmas discurría entre suaves colinas de encinas y pinos. El sendero recorre una parte del trazado del antiguo ferrocarril minero que transportaba el mineral de las minas de Cala hasta la población de Camas, hoy recuperado como vía verde para disfrute de los amantes de la naturaleza.
Las gamonitas ya empiezan a florecer y los altramuces nos mostraban sus racimillos de flores blancas, la luz se filtraba entre las copas de los árboles contrastando con trozos de umbría entre paredes de piedra cubiertas de plantas y musgo, al final de un pequeño túnel se abrió un gran espacio acuático con guiños de luz, era el embalse del Gergal y los andakanos nos paramos allí para ofrecer la belleza de ese paisaje a nuestra querida Loli que hace 73 años vio la luz.
La vía del tren recorre un camino de muy poco desnivel pero nosotros dejamos la orilla del embalse y subimos por una loma soleada y alegre para enlazar con la “ruta del agua” y regresar por ella a la cantina donde teníamos reservada mesa para la comida, que fue variada, animada y regada con vino y cerveza, postres variados y exquisitos, café y chupitos, lo que se dice “completita” y para sorpresa de todos fue invitación de la pareja Loli y Miguel, ya que este último también nació en enero del siglo pasado. “Que Dios colme de bendiciones a los dos y a todos los que aman” gracias por la comida y por todos los buenos ratos que hemos pasado juntos. Y allí nos despedimos felices y contentos hasta el próximo encuentro.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor   

miércoles, 25 de enero de 2017

Linares de la Sierra al cerro de la Molinilla. 21 de enero de 2017

En la mañana fresquita del 21 de enero, cuando la luz del sol intentaba abrirse camino en el cielo de Sevilla, 12 andakanos nos íbamos hacia Aracena en la primera salida de este año. Parada forzada en “El Juanito” para poner a punto los motores, y allá nos fuimos a uno de los pueblos más encantadores de la serranía, Linares.
Dejamos el pueblo por un antiguo camino empedrado entre limoneros y naranjos, encajonado entre dos paredones de piedra recubierta de musgos de verdes infinitos, que nos llevó a la umbría, un sitio con mucho encanto con su puentecillo de piedra bajo el que susurra un pequeño arroyo; algunos troncos de árboles están pintados de colores al estilo del “Bosque de Irati”, desde allí parten varios senderos, nosotros cogimos uno, el que va hacia Aracena y que en parte coincidía con el del cerro de la “Molinilla”, que va ascendiendo en dirección a la casa amarilla que hay en la cumbre del cerro, en el collado, hay un camino que parecía llevar hasta ella, algunos del grupo subimos y aunque no llegamos a la casa, llegamos a un punto más alto para contemplar el hermoso festoneado de la sierra sobre el cielo azul.
A partir del collado el sendero va descendiendo hasta regresar al pueblo, una vez en él buscamos donde comer, en “El Balcón” nos prestaron una mesa que estaba reservada para las tres, eran las dos y la plaza estaba llena de sol. Pedimos la “tapita” para ocho y nos pusimos moraos de productos de la sierra, los cuatro restantes no se quedaron atrás ya que pidieron platos parecidos pero con el añadido de jamón, ¡siempre hubo clase!, a las tres en punto los platos estaban limpios y los estómagos llenos, dejamos la mesa al siguiente grupo y nos fuimos a Aracena para el café, Mercedes Parrilla trajo pasteles de “Rufino” y Miguel restos de Navidad y con el con el café calentito dimos cuenta de todo. ¡Un día es un día! Y este ha sido completo, dos coches subimos al castillo para contemplar una vez más el pueblo derramado a sus pies, la bonita iglesia y escrutar el horizonte que solo nos deja ver sus límites.
Nos despedimos con alegría, por el día compartido, el sol recibido, la esplendida comida y el vínculo de amistad reforzado en cada nueva salida a una naturaleza eternamente hermosa y nueva cada día.
Gracias a todos y hasta el sábado próximo.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

jueves, 12 de enero de 2017

Navidad Senderista 11 y 12 de diciembre de 2016

En el origen de los tiempos los hombres adoraban al sol como a un dios, en esa creencia se injertó nuestra Navidad, y ese sol del origen que aparece cada mañana en el horizonte, saludó a los andakanos en la gasolinera de Camas, donde nos habíamos dado cita para dirigirnos a la sierra y celebrar un año más la fiesta de la luz que es la Navidad.
La niebla matinal que nos envolvió en la magia de un paisaje primigenio, donde las cimas de las sierras y las copas de los árboles se escapan del mar de nubes para besar al sol, fue el segundo regalo del día para algunos privilegiados, que un despiste los llevó hasta El Ronquillo y al retomar al buen camino nos sorprendió ese espectáculo.
Después de desayunar en “El Juanito” nos encaminamos a El Castaño de Robledo donde dejamos los coches para iniciar la ruta, esta sería circular en torno al Cerro del Castaño. El día era luminoso y sereno, la sierra lucía su mejor traje de colores otoñales y la luz que se filtraba por los árboles nos dejaban ver las últimas hojas que seguían su viaje empujadas por el viento, hasta caer en el sitio adecuado para tejer esa alfombra que se extendía a nuestros pies.
En un punto del sendero había un camino que subía hasta la cumbre del cerro de 970 metros, los más atrevidos llegamos hasta ella, disfrutando esos paisajes serranos tantas veces admirados y siempre nuevos, porque nuevos son los momentos en que los vivimos.
Los retrasados en Jabuguillo por problemas de fontanería, ya habían llegado cuando bajamos, y el grupo al completo seguimos hasta la plaza del pueblo, donde nos sorprendió los adornos navideños hechos de ganchillo por las mujeres de la población, que adornaban los árboles. Comimos nuestros bocadillos sentados en la plaza con una cervecita fresca del bar vecino, contemplando los originales adornos, hasta que el sol bajó y el frío húmedo nos hizo levantar el vuelo hacia la Posada de Valdezufre donde teníamos el alojamiento.
A las nueve la cena, allí estábamos un año más ataviados para celebrar una fiesta de amistad, los presentes y los ausentes también en el recuerdo, brindis, foto de felicitación del andakano guía, con la sutil impronta de Encarnita que esta vez nos trae esas sencillas flores violetas que nacen entre las piedras de la sierra de Cazorla.
La andakana Mayor entregó el premio a los mejores senderistas, a la pareja Mercedes y José Francisco que han traído al grupo la savia nueva de un amor maduro pero joven por su entusiasmo.
La queimada con sus conjuros tuvo su espacio de tinieblas, pero este año habíamos asustado a los fantasmas, así que no acudieron, cerramos la cena con el repertorio de villancicos, donde el andakano de la batuta sabe sacar a flote nuestra alma infantil. Con las coplas y los requiebros de nuestras mejores voces cerramos la noche de amistad compartida.
Por unanimidad la mañana del lunes sería no de senderos, sino de paseos culturales, disfrutando desde los coches del colorido de la sierra, nos fuimos del tirón hasta el castillo de Cortegana que se señorea coqueto, contemplando el pueblo derramado a sus pies gozando de esos paisajes y del sol de la mañana con su calido abrazo. La segunda parada cultural fue en Almonaster la Real que para algunos que no la conocían fue una sorpresa, por su encanto paisajístico, por su riqueza cultural y el entusiasmo de su gente en el engalanar la Navidad con el trabajo de ganchillo de sus mujeres, como en el Castaño pero más originales aún, hasta las papeleras tenían su bufanda de ganchillo con motivos navideños. Subimos a la mezquita con la preciosa vista de las casas blancas rodeando la iglesia, los cerros circundantes y las nubes blancas flotando en lo azul. Abajo entramos en la iglesia que a pesar de estar encalada conserva sus trazos góticos, pero lo más destacable es su fachada principal con un pórtico manuelino labrado en piedra gris muy bien restaurado.
En el mirador de la mezquita hay un pequeño museo al aire, es la obra de un artista que recogiendo artilugios de hierro y herramientas del pasado ha dado forma a unos personajes muy sugestivos con el propósito de recordarnos que esta época de lo intangible, no hubiera sido posible sin el trabajo duro, silencioso y olvidado de nuestros antepasados artesanos y labradores que han hecho posible nuestro hoy.
Comimos en Linares de la Sierra, una comida potente y serrana, elegida por unanimidad: “papas fritas, huevos y jamón”, los postres también fueron suculentos, todo nos fue servido en el bar de la plaza, El Balcón de Linares, ya conocido nuestro.
Al terminar el almuerzo nos despedimos felices de este nuevo y entrañable encuentro de los Andakanos caminantes.
Quedan menos cimas que subir, pero muchos senderos para recorrer y amistad para seguir disfrutando de esos senderos y el deseo de que vivamos todos unas Navidades de Amor, Alegría y Paz.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La Virgencita, la Cruz y Casilla de las latas, Algodonales 12-11-2016

Ocho andakanos nos dimos cita ante el caballo del Cid, para emprender una nueva aventura en la sierra gaditana. El acercamiento a la sierra nos pareció un ensueño, con sus cumbres envueltas en el misterio de la neblina mañanera, con su grandeza, su silencio y la asombrosa realidad de su vida oculta que nos desvelaría al acercarnos.
El abarrotamiento de gente que encontramos en la venta de “El Arenal” nos hizo buscar un sitio más sosegado para el desayuno que nos fue servido con agrado y abundancia en la plaza mayor del pueblo de Algodónales, ese pueblo serrano que derrama sus blancas casas por el valle, amparado por las mesetas grises que asoman por encima de sus tejados. La iglesia de Santa Ana se señorea en el centro del pueblo con una arquitectura hecha de retazos pero que con su esbelto campanario no deja de ser hermosa.
Con los estómagos contentos llegó la hora de las sorpresas, el Andakano Guía aconsejado por un duendecillo travieso, escudriñaron un sendero supuestamente “light”, desconocido también para ellos, que nos llevaría a la Cruz, Casilla de las latas y capilla de la Virgencita. Dejamos los coches en la parte alta del pueblo y empezamos a subir por el camino de La Muela, entre olivos cargados de aceitunas prontos para ser cosechados, allí nos encontramos  con un paisano que bajaba con su motillo a buscar cervezas para refrescar el gaznate de los aceituneros, de él recabamos información sobre la zona y sus cosechas. Ya habíamos llegado al punto donde teníamos que tomar el senderito que nos llevaría que nos llevaría a la Cruz que estaba oculto detrás de unas baretas recién cortadas, gracias a la pericia de nuestros guías encontramos el sendero estrecho y de subida constante entre los campos de olivos, lentiscos, algarrobos, palmitos y otras hierbas que a nuestro paso desprendían sus olores para deleite de nuestros sentidos. Ya estábamos a unos 500 metros y entre los claros podíamos ver a nuestros pies el valle sembrado de casitas blancas, dameros de olivos jóvenes y parcelas de verdes luminosos, más alejado teníamos el inconfundible pueblo de Zahara de la Sierra con su castillo y el embalse turquesa a sus pies, por encima de nuestras cabezas los buitres leonados y los hombres pájaros nos hicieron un guiño desde el limpio cielo. Habíamos llegado a la cruz, pero solo los guías bajaron  hasta ella por la dificultad del acceso y seguimos subiendo hasta llegar al puerto a 760 metros, la entrada la custodiaba una tortuga gigante que nos recordó que poco a poco, paso a paso se pueden conquistar las alturas, desde allí nos fuimos buscando la casilla de las latas una antigua casa de campo con su aljibe, su pileta y lo que queda de los muros de lo que fue el hogar de unos seres que dejaron allí el susurro de sus llantos y risas. Allí fue donde tomamos el bocadillo y descansamos hasta que el sol bajaba al encuentro de la noche y nosotros bajamos al encuentro del pueblo por una hermosa cañada bañada por la luz de la tarde que resaltaba el verde de los pinos en las laderas que se  abrazaban en el fondo formando una gran V donde se encajaba el blanco del pueblo, ya estábamos muy cerca de él pero nos faltaba visitar a la Virgencita y entre las varias opciones que había para llegar a ella escogimos la más pintoresca, un estrecho sendero al pie de un muro de hormigón que al final no tenía no ninguna ermita aunque si estábamos cerca de ella y si encontramos por fin a la Virgen de los Dolores con su carita triste y su manto negro, sosteniendo a su hijo que expiraba en la cruz.
Subimos a los coches y nos fuimos en busca de un café cuando el día ya moría en una sinfonía de colores y un sereno fulgor. Como en los mejores tiempos, los valientes andakanos disfrutamos de un día de esplendor.

* Aprovecho esta ocasión para dar las gracias una vez más al grupo y a cada uno en particular por la entrañable sorpresa que recibí el día de mi 80 cumpleaños.
Que el vínculo de amistad que hemos creado paso a paso, día a día, camino a camino perdure para siempre porque esas vivencias Irán con nosotros a la Eternidad. Gracias.
Fdo: Blanca
Andakana Mayor 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Inicio de curso 21 al 23 de octubre de 2016.

El viernes 21 de octubre, con cielo otoñal blanco y brumoso, 16 andakanos nos dirigimos hacia Fregenal de la Sierra para abrir el nuevo curso de senderismo en ese entorno singular de la baja Extremadura. Nada más llegar dejamos los coches en la puerta del hotel “Cristina” que sería nuestra casa por dos días y emprendimos el sendero circular del arroyo del Gitano, la primera parte del trayecto fue algo monótona por una pista de tierra, pero pronto entramos en un sendero estrecho entre alcornoques y encinas que se abrazaban en sus copas. Las dehesas se suceden unas a otras acotadas por vayas y cancelas, en unas corrían resoplones los cerdos de la montanera, en otras las vacas pacían a sus anchas mirándonos con descaro.
En un rincón encontramos unas piedras que nos sirvieron para apoyo y descanso, comimos y seguimos andando, y una de las cancelas de las fincas nos cortó el paso nos preparamos para el asalto y uno tras otro la fuimos saltando, las damas ayudadas por algún empujoncito caballeresco en la parte trasera, lo hicimos también como antaño.
En otra de las fincas las reses se pusieron nerviosas y que rían asustarnos con sus carreras y embestidas pero con mucha disciplina las dejamos plantadas.
Cenamos en el hotel y nos retiramos pronto, por la noche la tierra recibió con júbilo las primeras aguas de otoño.

El sábado, salimos desde el mismo hotel hacia Higuera la Real, el cielo estaba precioso con nubes grises y alguna ventana azul, la tierra agradecida dejaba escapar sutiles aromas, en el horizonte los olivos lucían sus copas aterciopelas, todo estaba en paz y silencio, llegamos a Higuera  donde un chico de Turismo nos enseñó lo más emblemático del pueblo, la iglesia de Santa Catalina con unas tablas de Luis de Morales y poco más, en el paseo del Cristo nos paramos frente a la fachada de la iglesia Jesuítica de San Bartolomé donde se encuentra el Cristo de la Humildad patrón del pueblo. En el claustro austero del colegio de los Jesuitas, se encuentran unas instalaciones modernas y didácticas que muestran la vida del cerdo ibérico criado en montanera, interesante visita pero sin cata del producto final, así que para no sentirnos frustrados nos fuimos al mesón “El Espejo” donde degustamos como aperitivo unas buenas raciones de jamón, siguió una comida bien regada con vinos de la tierra y una vez satisfechos regresamos al hotel donde nos dispersamos hasta la cena.

El domingo a las 10,15 horas estábamos en la plaza de la Constitución, antiguamente llamada paseo de la “perrunilla”, para la visita guiada al pueblo.
La guía nos explicó las generalidades del pueblo y empezamos la visita por la iglesia de Santa María, inserta en el castillo templario, así como la casa parroquial neogótica y la plaza de abastos, continuamos recorriendo algunas calles, parándonos en las fachadas de las casas nobles, conventos y fuentes, merece especial mención la iglesia de Santa Ana por el magnífico retablo atribuido a un artista flamenco. El antiguo convento de los Franciscanos y su iglesia han sido restaurados con mucho acierto para uso del pueblo, nos quedaba por ver el interior del castillo templario con sus torres coronadas por dos campanarios y la magnífica plaza de toros aún en uso.
Haciendo uso hasta la comida el grupo se fue a visitar el santuario de la Virgen de los Remedios patrona de la ciudad desde 1506, anexo se encuentra la sala de hijos ilustres y el ajuar de la virgen.

Cuatro miembros del grupo nos volvimos a Sevilla sin subir al santuario, contentos del reencuentro y agradecidos por el tiempo que nos acompañó, casi sin mojarnos, quedó inaugurado el nuevo curso de los andakanos. Nos vemos pronto.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

jueves, 28 de abril de 2016

Ribera de la Molinilla Linares de la Sierra. 23-4-2016

Podrán arrancar todas las flores, pero no impedirán que vuelvan en primavera, y con esa nueva explosión floral manifestada en esos preciosos árboles, que le llaman “árbol de las orquídeas”, hacemos esta vez la foto de salida los Andakanos que nos vamos una vez más a disfrutar de la sierra de Aracena.
Punto de encuentro Linares de la Sierra, con Enrique como andakano guía, ya que Justo y Encarnita no estarán con nosotros. A Encarnita la recordamos mucho por lo del ojito, y por eso de las flores.
La carretera que lleva a Linares es de las más bonitas de la sierra esta vez embellecida por las jaras en flor, que con la llovizna perdían belleza pero ganaban en olor. El sendero que nos proponíamos hacer tiene el sugestivo nombre de Valle escondido aunque su nombre histórico es “Valle Silos”.
La llovizna o chirimiri del norte como había predicho Maldonado nos acompañó todo el recorrido que hicimos muy relajados, y que lejos de molestarnos nos alegró, pues le dio un encanto especial al recorrido Los vivos colores de los impermeables hubieran hecho pensar a Don Quijote que se encontraba en un valle encantado donde los gnomos juguetones se paseaban a sus anchas, y a nosotros los autores de esas fantasías nos pareció un valle encantador con tantísimas flores de color y formas diferentes. Las copas de los árboles de verdes brillantes y diversos, los puentecitos de piedra cubiertos de musgos que daban paso a los arroyuelos Flamencia y Molinillo que corrían contentos por el agua recogida, y las nubes escapándose cual humo de las cimas de la sierra para perderse en las alturas.
Salimos del valle y nos encontramos con los tres andakanos que nos esperaban, no en el bar “El balcón de Linares” donde otras veces, ya que estaba cerrado por enfermedad de la dueña, sino en el bar “el Toro” donde nos sirvieron buenas viandas en un rinconcito donde el rescoldo de una chimenea daba un punto de intimidad al ágape, que duró más de 3 horas. Podríamos hacer otro sendero ya sin lluvia y con los ánimos alegres, dijo alguien…, pero la propuesta no prosperó, así que nos despedimos. Ya queda en el recuerdo el valle encantado y la comida compartida y hasta que un nuevo encuentro nos reúna a vivir con Paz.
 Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

miércoles, 13 de abril de 2016

De Benaocaz al Salto del Cabrero, 9-4-216

En la luminosa mañana del nueve de abril de 2016, cuando en Sevilla ya llovió el azahar y en el ambiente suena el repiquetear de las castañuelas, 6 andakanos nos vamos contentos al encuentro de la sierra de Grazalema. Después de desayunar en El Bosque nos fuimos hacia Benaocaz donde dejamos los coches, allí comenzamos el pedregoso camino que nos llevaría al mítico Salto del Cabrero, antes de emprender la subida el arroyo Pajaruco nos regaló la música del agua saltando y deslizándose sobre las piedras, dejando algunas pozas transparentes que invitaban al baño, poco a poco llegamos a la explanada que los piornales vestían de amarillo y alguna que otra vaca con sus terneritos al lado, nos enseñaban sus cornamentas.
Bajamos al primer mirador donde la roca nos muestra la herida que recibió hace millones de años y que nos atrae por su profunda belleza, a lo lejos los verdes valles y los azules infinitos que se perdían en un cielo sereno.
Regresamos a la llanura para emprender el camino hacia el mirador del este, cuando alguien mirando el trasero de una vaca dijo “¿porqué no dejamos el mirador para otra ocasión y nos vamos a comer un chuletón de retinto?” ante tal propuesta hubo unanimidad y comenzamos la bajada. En Benaocaz no nos dieron cabida en su comedor, así que nos fuimos a Ubrique donde encontramos comida, museo y plaza de toros por el mismo precio, comimos con vistas al pueblo encajado entre paredes rocosas que más que pueblo parecía un glaciar por su blancura.
Mimados y bien servidos compartimos la buena comida, visitamos el pequeño museo de Jesulín y nos asomamos a la plaza con bonitas vistas del pueblo. Antes de volver hacia Sevilla, visitamos una vez más las salinas romanas de Iptuci, para que María y alguno más la conocieran.
Otra vez más la vida nos regaló un hermoso día que disfrutamos consolidando la amistad que nos une, en un marco incomparable.
¡¡Hasta la próxima!!
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor