miércoles, 20 de marzo de 2019

Ribera del Huezna, ermita Nuestra Sra. Del Monte. 9-3-2019


“Salve reina del Monte, a tus pies rendidos los andakanos cantan, uniéndose a los pájaros, el viento, y el agua a esa Virgen Morena que desde su atalaya protege y bendice al pueblo de Cazalla”.
Si, allí estábamos los nueve andakanos que el sábado 9 de marzo de 2019 salimos nuevamente en tren desde Sevilla para esa sierra morena llena de rincones con encanto, y ya desde el tren fuimos viendo las jaras donde como mariposas blancas resplandecientes sus flores llenaban el campo.
La estación ruinosa quedó allí en su abandono y nosotros emprendimos el sendero del camino del corcho que corre paralelo al río Huezna, por un bosque de galería lleno de embrujo, con sus plantas trepadoras abrazadas a los viejos álamos desnudos, sus zarzas, los arbustillos en flor, las praderas salpicadas de margaritas y botones de oro.
El trino de los pájaros y el susurro del agua repitiendo su eterna canción…, que cada cual interpreta a su manera, pero que casi siempre habla de la vida, el paso del tiempo, del alma y su anhelo de eternidad.
Seguimos caminando hasta encontrar el punto de retorno, y ahí empezó la aventura pues tuvimos que trepar hasta la vía del tren pisando picudas piedras, o bien saltando de una traviesa a otra, no 100 metros, no, casi 1 km, hasta encontrar un camino que nos subiría hasta la ermita de Santa María del Monte, y no una subida cualquiera, sino una bien empinada de tierra seca y resbaladiza, pero no es propio de los andakanos abandonar los obstáculos, así que arriba, cada uno a su ritmo fuimos llegando hasta la verja que Juan Manuel saltó para buscar al santero, y fue la santera la que nos abrió sorprendida. La recompensa fue la acogida materna de la Sra. Del Monte en su aureola de luz.
El santero nos enseñó el camarín y el vestuario de la Virgen, con trajes, mantos, coronas y alhajas. Por fortuna tenía el santero un arcón con cerveza fresquita, y cerveza en mano nos fuimos de picnic a la pradera vecina y a la sombra de los árboles recuperamos fuerzas para emprender el regreso, que fue por un camino bastante escabroso donde las zarzas trabaron a más de uno, haciendo que besara la tierra, también hubo subidas y bajadas, saltos de vallas, hasta encontrar el puente que nos llevó a u sendero estrecho y agradable que nos condujo hasta la estación donde nos esperaba nuestro tren, al que subimos presurosos buscando un descanso.
A la hora prevista el tren nos trajo de regreso a Sevilla, contentos como siempre de haber disfrutado de un hermoso día primaveral.
¡Hasta el próximo!
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor.


domingo, 3 de marzo de 2019

Aracena Linares por la “Molinilla” y regreso. 23-2-2019


El sábado 23 de febrero, ocho andakanos salimos de Sevilla para darnos un nuevo baño de naturaleza y amistad, en Aracena se nos unieron Paquita y Juan para gran alegría de todos, deseosos de compartir con ellos ese día.
El andakano guía y su esposa andan por otros parajes en su mágica casa con ruedas, así que fuimos guiados por el segundo guía, Enrique por el camino de “La Molinilla”, que parte de Aracena hacia Linares. Al principio del sendero encontramos varios caseríos blancos con sus huertas, sus perros custodios que nos saludaban al pasar, y sus gallinas picoteando en los prados.
La temperatura primaveral ha despertado a las flores silvestres que forman coloridas alfombras y así entre grandes árboles de sombra que forman galerías acolchadas  y travesías  por dehesas de encinas llegamos pronto a Linares donde tuvimos tiempo de visitar sus rincones más típicos: lavaderos, plaza de la fuente, callejuelas empedradas, para terminar en la plaza de toros donde teníamos reservada una mesa para “la tapita”.
Después de una larga sobremesa tomamos el camino de vuelta por otro sendero, algo más abrupto con algunas subiditas graciosas que superamos con facilidad, en su trayecto nos acompañó un pequeño curso de agua, el arroyo Plamencia que se alimenta del manantial del “Tío Cano”, un susurro alegre en una sierra sedienta.
Al llegar a Aracena nos esperaba María Paquita y Juan que habían vuelto en coche con los deliciosos pasteles de Rufino, y nos sentamos a tomar café, para terminar el día con dulzura. Nos despedimos de la pareja serrana y los ocho regresamos a Sevilla acompañados por un cielo dorado y rojizo de un precioso atardecer.
¡Hasta la próxima!
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

jueves, 14 de febrero de 2019

El Pedroso, Arroyo de las Cañas 9-2-2019


La luz rota en mil tonos rojizos incendió el cielo, un hermoso espectáculo que pudimos contemplar desde el tren los 9 andakanos que volvíamos a Sevilla después de haber gozado de un precioso día en El Pedroso y su entorno.
Nos reunimos en Santa Justa, y el tren nos llevó a través de la fértil vega del Guadalquivir, contemplando los campos bien labrados, los naranjales y los melocotoneros en flor, para luego pasar a las onduladas colinas de encinas y alcornoques que dan entrada a la sierra norte Sevillana.
Al llegar a El Pedroso, y antes de comenzar el camino, Enrique nos preparó un recorrido cultural por el pequeño pueblo de unos dos mil habitantes, que valió bien la pena, comenzamos por la iglesia de Nuestra Señora de  Consolación, con su amplia nave, sus retablos y sus santos, a resaltar la Inmaculada de Martínez Montañés, luego nos acercamos a las “Escuelas Nuevas”, un hermoso edificio, en lo más alto del pueblo, que si no es del maestro Aníbal González si lo es de su escuela, allí con ayuda de una guía local visitamos el museo de la minería en la parte baja del edificio, y en la planta de arriba, la historia de la escritura desde los primeros signos en arcilla hasta la era digital, ambas muy interesantes.
Desde aquella atalaya divisamos el camino del Arroyo de las Cañas, que pronto emprendimos por un sendero circular que discurre por los vestigios de un poblado calcolítico donde se encuentran esparcidos grandes bolos graníticos que es la piedra propia del lugar, y de donde le viene el nombre al pueblo. Cerca del arroyo de las cañas encontramos un gran rebaño de ovejas con sus crías corriendo entre sus patas buscando el sustento, cosa que también hicimos los caminantes buscando un sitio agradable para comer y descansar.
Regresamos al pueblo por el camino que pasa junto a la ermita de Nuestra Señora del Espino, en cuya entrada hay un calvario de granito blanco que se  eleva 5 metros del suelo, y que es uno de los símbolos del pueblo, desde allí nos fuimos a la estación para esperar el tren que nos devolvería a Sevilla en un hermoso atardecer.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

miércoles, 30 de enero de 2019

Cala a las minas de Teuler y regreso. 26-1-2019.

El sol ya descendía tiñendo de dorado el horizonte, cuando diez andakanos volvíamos satisfechos después de haber disfrutado una vez más, de caminar juntos , compartir charlas y comida, en un día luminoso y templado, esta vez por la zona de Cala.
Dejamos los coches cerca de la ermita blanca, con su espadaña y su campana, custodiada por naranjos y limoneros repletos de frutos maduros, la ermita fue el punto de partida de un sendero circular que nos llevaría hasta las minas de Teuler, que en el siglo pasado fueron explotadas por los ingleses y que hoy queda un hueco profundo de paredes rojizas y erosionadas, con una laguna verde y quieta en el fondo.
Allí llegamos por una pista ancha por la que no dejaban de pasar coches de cazadores, en los laterales del camino se sucedían las dehesas de alcornoques y encinas en las que pastaban, cerdos, vacas, corderos y cabras dispersas por los esos prados verdes donde ya despuntan las margaritas blancas.
Después de descansar y contemplar la quietud silenciosa de la mina, regresamos por un sendero más agreste que discurre paralelo al arroyo “Charco de Agua”, entre jaras, cañizos y romero, pasamos junto a un caserón blanco, que en su día fue la casa del ingeniero y junto a una finca grande de un color chillón que no sabemos a que se dedica, y así llegamos al punto donde teníamos los coches, después de un recorrido de unos 12 kms.
Después de comer en casa de Ramona, que nos instaló en una agradable terraza donde degustamos productos locales, para ayudar la digestión subimos al castillo desde donde contemplamos el núcleo del pueblo extendido en dos brazos de casas nuevas.
Al bajar nos despedimos hasta el próximo sábado, que nos reuniremos en Lebrija para la gran “Puchera”. Gracias de nuevo a la vida por tan hermoso día.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor.

jueves, 17 de enero de 2019

El Castillo de las Guardas a las Minas 11 de enero de 2019

En un amanecer rosado y frío, 14 andakanos nos reunimos en “El Juanito” para el desayuno, ya que por ser laborable no nos pudimos reunir en la universidad. Saludos y tostadas con zurrapa de la sierra, y salida para El Castillo de las Guardas, donde nos esperaba un hermosos y soleado paseo.
Dejamos los coches en la zona del Radar meteorológico y emprendimos un sendero circular entre jaras romero y tomillo recogidos ahora en su perfumado silencio. Pronto dimos vista a la mancha azul brillante del pantano del Castillo que rodeamos hasta llegar a una nave, ahora en ruinas, de los tiempos activos de la industria minera, desde allí prolongamos el camino para acercarnos al embarcadero de la reserva de animales, ahora solitario, donde pasamos un rato agradable contemplando a una piara de bonitas cabras blancas de pequeños cuernos con sus cabritillas, tomando el sol o buscando el sustento entre las patas de sus madres.
Retomamos el camino circular entre dehesas de encinas y pardos verdes donde ya han aparecido manchas de blancas margaritas. Dejamos a un lado la aldea de las Minas del Castillo escondida entre árboles y entramos por una cancela en un corredor de alambradas que atraviesa una gran finca, y cerca de la salida encontramos un hermoso y blanco animal echado, nos acercamos con mucha cautela porque de su trasero asomaba una masa blanca  y rosada e interpretamos que la vaca estaba pariendo, pero ¡sorpresa! El animal se levantó con su aspecto manso y nos mostró sus hermosos testículos repletos de semillas de terneros. Nos despedimos de él con ternura y nos fuimos hacia el “Rincón del Asador” a las afueras del pueblo donde Enrique había reservado mesa para comer, lo hicimos en un hermoso comedor que nos traía al interior el verdor de la sierra, y el calor del sol incrementado por un gran fuego de chimenea, la sobremesa se alargó, así que dejamos para otra ocasión la visita cultural que había preparado Enrique.
Con un cielo dorado en el que se recortaba la silueta azulada de la sierra regresamos a Sevilla contentos de haber compartido una vez más sol, naturaleza  y amistad.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor 

miércoles, 2 de enero de 2019

Navidad senderista 2018, La Puebla de los Infantes, 14-15 diciembre 2018


Como cada año al acercarse la Navidad los Andakanos emprenden su camino hacia Belén para un ágape amistoso. Este año ha sido el viernes 14 y sábado 15 de diciembre, marcado por la ausencia de algunos andakanos fundacionales, entre ellos el guía que confió el sendero a la benjamina del grupo Juana, que lo hizo muy bien, animada por todos.
El lugar elegido fue La Puebla de los Infantes, en la sierra norte de Sevilla y que ya conocíamos de otra ocasión, aunque en esta visita a la que nos acompañó una guía local, tuvimos una introducción histórica interesante, ya que el lugar estuvo habitado desde antes de Cristo. Visitamos algunos lugares emblemáticos como la iglesia mudéjar, el castillo árabe, las ermitas, los lavaderos, terminando con el museo etnológico y una vista panorámica del pueblo y su campiña desde un balcón terraza.
El viernes habíamos salido de Sevilla en 3 coches y después de desayunar en Lora del Río, continuamos para La Puebla por la carretera que discurre entre huertas de naranjos y que rodea el embalse de José Torán, con el santuario de la Virgen de Setefilla, que desde su atalaya bendice la fértil vega.
Dejamos los equipajes en la Posada del Infante, y salimos para el sendero que Justo nos había preparado y que nos llevaría hasta el “molino de Sofio” en las orillas del río Retortillo, atravesando primero unas tierras bien labradas, prontas para recibir semillas y fecundarlas, entre ellas algunas casillas sencillas con sus gallinas vigiladas por hermosos gallos, sus perros labradores y sus huertos familiares, luego fuimos entrando hacia las colinas de olivares con su hierba muy verde bajo los árboles, donde rebaños de ovejas con sus esquilas corrían en filas hacia algún lugar.
En el molino, nos demoramos para curiosear, hacer fotos, tomar el sol de otoño hasta que regresamos al pueblo donde Juan Manuel y Mari Trini que se habían quedado nos habían buscado un sitio para comer, del que quedamos muy satisfechos, tan satisfechos que algunos del grupo nos fuimos a buscar el camino de los almendros para hacer otro sendero, pero el que encontramos fue el de los olivos que ascendía en zigzag hasta la cima de una colina con vistas al pueblo, que se fue oscureciendo mientras bajábamos.
La cena, estuvo bien pero nos tocó al lado un grupo de jóvenes ruidosos, y pronto abandonamos el comedor, se pidió permiso para hacer la queimada en la Posada del Infante, y José francisco puso todo su empeño en que ardiera el alcohol a pesar de su resistencia, leyó los conjuros donde fueron nombrados presentes y ausentes, también cantamos villancicos, a pesar de la afonía del maestro del coro, gracias a la voz cálida de Joaquín salimos triunfantes de ello. En resumen, todo se hizo como tenía que hacerse, pero las ausencias fueron muy sentidas.
El sábado nos vimos en el desayuno y la visita guiada, después de esta, el coche de Juana volvió para Sevilla y los otros se quedaron para comer migas y algo más.
A todos, Feliz Navidad y que la luz interior guíe nuestro caminos.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

lunes, 12 de noviembre de 2018

Real de la Jara a la ribera del Cala y regreso. 3-11-2018

El paisaje era de lo más bucólico, un castillo medieval coronando una colina verde de pastos donde se descolgaban algunos caballos blancos por sus laderas, el cielo era azul en el que se paseaban algunos cúmulos, y al pie de la colina las primeras casas del pueblo, sin faltar la iglesia con su torre, y una buganvilla derramada sobre el muro blanco de una casa para que no faltara una nota de color, y para completar este cuadro allí estábamos 9 andakanos para hacer un sendero a la Ribera del Cala.
Salimos del pueblo por una vieja carretera que discurre entre dehesas silenciosas donde pastaban rebaños de vacas, hasta llegar a un punto donde dejamos la carretera y seguimos por un sendero que acompaña al río Cala que corre silencioso y oscuro entre cañaverales rojizos en sus orillas, como rojizo era el pelaje de las vacas que allí pastaban, una de estas vacas con su cencerro al cuello nos esperó debajo de una encina para hacerse la foto, ¡muy coqueta ella! En un recodo del río encontramos el centro de interpretación del parque, pero estaba cerrado y no pudimos verlo, seguimos por un área recreativa con sus columpios, mesas y barbacoas donde la gente puede pasar un buen día de campo.
Llegamos a un portalón que abrimos y cerramos después de pasar, y entramos en un sendero que atraviesa dehesas privadas donde los cerdos se preparan gozosos para que un día los humanos podamos gozar de su sabrosa carne.
La ruta fue cómoda y circular pero al final teníamos ganas de ver la silueta del pueblo que por fin apareció. Nos fuimos a comer a “la Cochera”, no fue la mejor comida pero la disfrutamos igualmente, y una vez repuestas las energías nos animamos a subir al castillo, que estaba muy acondicionado para eventos culturales. Desde sus almenas divisamos los campos y las colinas dibujadas en el horizonte y el pueblo blanco derramado a sus pies.
Regresamos a los coches y nos despedimos hasta la próxima, contentos y agradecidos por haber disfrutado un día más del silencio de las dehesas, de la amistad compartida y del sol generoso que nos acompañó.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor