miércoles, 13 de enero de 2021

Puente Gadea al embalse del Corumbel Bajo. 9-1-2021

 Primera salida Andakanos 2021

Hace pocos días dejábamos atrás el 2020 con alivio pesaroso y entrabamos en el 2021 con esperanza templada. La señorita Filomena dejó su manto de armiño sobre tres cuartas partes de España, y en Sevilla 10 andakanos con frio y alegría partíamos al encuentro de otros 4 que nos esperaban en La Palma del Condado, el grupo ya completo nos dirigimos hacia el paraje de Gadea y allí en un recodo del puente del mismo nombre, dejamos los coches, para emprender el sendero por la futura vía verde, que otros tiempos fue la vía férrea que conducía los minerales de las minas de Río Tinto hasta el puerto de Huelva.

La ruta corre paralela al Río Tinto, único en el mundo en sus características que da a su entorno ese paisaje metálico donde los rojos, violáceos, ocres y grises se diluyen en matices infinitos, en el recorrido encontramos antiguos molinos aún en pie, que eran accionados por la fuerza del agua, donde los hombres del lugar cambiaban los granos en harina para el bendito pan, base de su alimentación.

En la ribera, la vegetación es pobre y solo sobreviven los eucaliptos traídos de las antípodas que se que se agarran a todos los terrenos. Caminamos lentos por ese paisaje mágico hasta que en un recodo del río tomamos otro sendero esta vez por un bosque de pinos donde la jara se prepara ya para su explosión blanca en primavera, subimos un pequeño repecho y dimos vista al pantano del Corumbel Bajo que, aunque bajo de nivel, no deja de dar al paisaje esa sonrisa que, los rayos del sol le sacan al agua en quietud.

Llegó el momento de buscar un rincón soleado para el picnic, y lo encontramos en la orilla del Tinto, donde pasamos un rato grato y nutritivo, no faltaron bombones, turrones, higos secos y mazapanes, vestigios de las pasadas fiestas.

Regresamos a los coches por el mismo camino, aunque la luz del sol ya en declive da matices nuevos al mismo paisaje, ya desde el puente divisamos en la cresta de las colinas, grupos de vacas pastando entre pinos aislados, lo que nos hizo volver al planeta Tierra por si alguno se había perdido en Marte. Y ya en tierra volvimos a los coches y a nuestras casitas contentos y agradecidos como siempre, de haber vivido un día hermoso y por qué no Feliz.

Fdo.: Blanca

Andakana Mayor

sábado, 19 de diciembre de 2020

De la estación de El Ronquillo a la de la Rigüela 12 de diciembre de 2020

 El 12 de diciembre de 2020 las murallas de Sevilla se abrieron y diez andakanos salieron de ella deseosos de vivir un día de naturaleza y amistad. Nos dirigimos a El Ronquillo donde otros cuatro del grupo nos esperaban en la antigua estación de tren, donde termina la vía verde de El Ronquillo, pero el camino minero continúa hasta San Juan de Aznalfarache y en esa dirección partimos. La temperatura y el sendero muy agradables, nos acompañaban lentiscos, acebuches, esparragueras, Tarai y la nota de color azul-violeta del romero en flor junto con el blanco de algunas margaritas derramadas por las praderas.

En la Sierra Norte los verdes en sus infinitos matices se adueñan del paisaje, los ocres del otoño solo asoman en el fondo de los barrancos donde corren arroyuelos camino de la Rivera de Huelva, por allí también había un grupo de álamos blancos que nos transportaron a un paisaje nevado y de vez en cuando las altas copas de los eucaliptos nos hacían mirar un cielo lleno de hermosas nubes blancas y grises que jugaban a tapar el sol.

En los prados inclinados de las colinas las vacas blancas pastaban tranquilas, evocando un paisaje asturiano, y así entre paisajes tan evocadores llegamos hasta la central eléctrica de Cala, pintada en blanco y azul, en su fachada se leía el año de 1.927, haciendo en su interior ese mágico trabajo de transformar la energía del salto de agua en luz. Volvimos hacia atrás por el mismo camino haciendo un alto para comer en el mejor restaurante del lugar, donde Enrique había reservado, donde nos esperaba con Miguel, Loli y María. Las botas de vino dieron varias vueltas mientras cada cual comía sus viandas y a los postres circularon turrones y chocolates, pero lo más sorprendente fue la aparición de un gnomo navideño cantando villancicos y con una botella de Cazalla para invitarnos a un chupito y poner así la nota más festiva, entre el vino y el chupito se despertaron las nostalgias del pasado y yo un poco achispada caí en un dulce sopor, soñé con un grupo de gente “Kanosa” caminando por las cumbres de Ordesa entre senderos y cascadas y recorriendo valles y cimas por los Picos de Europa y bajando entre viñedos a recónditos monasterios de la Riveira Sacra y por iglesias románicas de los pirineos catalanes y un lugar mágico que llaman Las Merindades, Andorra la Vella, Cazorla la recóndita y espléndida, etc, etc…y cuando abrí los ojos, no había soñado,… era que los del grupo “despiertos” habían evocado todos aquellos lugares de belleza y bondad, donde habíamos compartido tantos hermosos días. Por todo ello damos las gracias a Dios y a la vida, a los artífices del grupo que somos todos y cada uno de nosotros.

¡Nos vemos!

Fdo.: Blanca

Andakana Mayor

viernes, 30 de octubre de 2020

Inicio de curso 2020-21 en El Ronquillo, 24-10-2020

Sevilla amaneció envuelta en un velo de niebla, y las hojas volaban de los árboles como mariposas en busca de su metamorfosis.

Era 24 de octubre de 2020, primera salida de los andakanos en este año tan diferente, gracias a un bichito coronado que nos trae a todos en vilo.

Salimos 12 de la Universidad, y en la gasolinera de El Ronquillo se nos unieron 5 andakanos más, entre ellos una nueva pareja que, aunque jóvenes ya andan con kanas, y ojalá se queden e inyecten savia nueva al grupo, ellos son Cecilia y Javier, hija y yerno de Mercedes Flores. Atravesamos El Ronquillo y bajamos hasta el pantano de La Minilla, hasta el aparcamiento que hay junto a la vía Verde que discurre por el trazado del antiguo ferrocarril que unía San Juan de Aznalfarache con la zona minera de Cala. El día no podía ser más hermoso, ya que la niebla dio paso a un cielo azul y limpio sobre el que se dibujaban las siluetas de la sierra con sus tonalidades verdes reflejadas en el agua. Los Andakanos estábamos alegres y animados por el reencuentro tan deseado y el día tan hermoso para disfrutarlo que nos regaló el otoño.

El camino también era hermoso, con el agua siempre a la vista, y en las dehesas los cerdos negros tendidos al sol, o las ovejas y vacas dispersas por las praderas, o trepando por las laderas. Llegamos al final “oficial” de la vía Verde pero seguimos el camino hasta llegar a un puente sobre el arroyo de El Burro, que había quedado en sus hierros, allí nos volvimos hacía una zona de merenderos donde nos esperaban María y Enrique, que no quisieron faltar a este primer encuentro, allí bajo un viejo eucalipto montamos el restaurante, con bocadillos propios y 2 botas de tinto paseándose entre los comensales, a los postres se dieron cita variedades de Bombones que salieron de las mochilas para endulzar este primer encuentro.

Volvimos a nuestros hogares oxigenados y satisfechos, y como no agradecidos a la vida, a la naturaleza y ala amistad que nos une para poder gozarla en compañía.

Hasta la próxima, ¡cuidaos mucho!

Fdo.: Blanca

Andakana Mayor

jueves, 23 de julio de 2020

FIN DE CURSO SENDERISTA 2020

     Este año está siendo muy atípico a causa del covid.  Todavía no estábamos en la nueva normalidad así que no pudimos hacer nuestro acostumbrado viaje de fin de curso, al no poder salir de nuestra comunidad.  Tampoco hizo falta, Andalucía tiene parajes magníficos en cualquier provincia y cerca de Sevilla se puede ir a pasar el día a muchos lugares de naturaleza exuberante, como así hicimos
     El día 17 de junio quedamos en la venta “el cruce” 9 andakanos  para hacer un sendero por los pinares de Aznalcázar.  Justo se trajo la caravana, porque como él bien dijo “un fin de curso sin caravana, no es fin de curso” Quedamos allí por comodidad para todos y cercanía al lugar donde íbamos.
     Dejamos los coches a la entrada de los pinares y comenzamos un sendero corto pero de extraordinaria belleza.  Teníamos muchas ganas de vernos después de casi 3 meses de confinamiento.  Nos saludamos con nuestras mascarillas y gestos de besos y abrazos ¡que alegría¡  volver a hacer un sendero, todos lo estábamos deseando.
     No hacía mucho calor y la sombra de los pinos nos hizo disfrutar una vez más del paseo y de la belleza del lugar que además de los pinos tenía arbustos de arrayán, alcachofas silvestres, y muchas florecillas que hicieron las delicias de los fotógrafos
     Una vez terminado ese sendero nos fuimos en coche a “la dehesa de abajo” la vista de los arrozales desde allí es magnifica así como de las cigüeñas que no nos permitían acercarnos demasiado pero que nos hicieron pasar un rato estupendo observándolas.  La laguna estaba llena de agua por las lluvias de esta primavera y con gran cantidad de aves, flamencos en su mayoría.
     Al final del camino ya nos estaban esperando Enrique y María que conocían un merendero cerca de allí, donde compartimos comida, conversación y buena compañía en un entorno privilegiado y como siempre echando de menos al resto de andakanos que no pudieron venir
     Hasta la próxima, que Dios os acompañe a todos este verano

                                                      Fdo.:  Conchi

martes, 11 de febrero de 2020

Jimena de la Forntera las Asomadillas río Hozgarganta


Los pájaros empezaban a despertarse en los árboles, el rocío nocturno te mojaba la cara y el sol aún estaba en pijama, cuando 7 andakanos, la mitad de los previstos en principio, nos reunimos para la primera salida de febrero, de los 7 dos eran nuevos, Lola y José, traídos al grupo por Mari Trini y Juan Manuel, ¡ojalá se queden!
Nos fuimos hacia Jimena de la Frontera, por la autovía ya libre de peaje, hasta Jerez, en un área de servicio moderna, desayunamos bien. Luego continuamos por la autovía de Algeciras, donde la niebla se fue despejando y empezamos a ver prados verdes y fondos azulados de la sierra a la que poco a poco nos fuimos acercando, hasta que apareció el precioso pueblo de Jimena, derramado como un manto de armiño al pie de su castillo.
Dejamos los coches y nos deleitamos en contemplar un mural del pueblo hecho por los alumnos de la escuela taller de cerámica, muy bien conseguido, desde allí comenzamos la subida y travesía del pueblo, el sendero se iniciaba en el otro extremo, un sendero circular el de las Asomadillas y el río Hozgarganta.
Al principio, el camino era de piedras puestas al estilo de calzada romana, que nos daba vista a los prados donde pastaban tranquilas las vacas retintas, y los caseríos blancos salpicados aquí y allá, luego el camino se estrechó y entramos en un bosque de pinos con el suelo mullido por la pinaza y donde el sol jugaba con las sombras, trayecto muy agradable, hasta llegar a un paisaje más abrupto e incomodo con escalones pronunciados entre matorrales, donde la jara y otros llenaban de fragancia salvaje el aire del entorno, un poco más adelante atravesamos la carretera y bajamos hasta el río Hozgarganta, con un lecho de cantos rodados de todos tamaños, un paisaje nuevo donde las piedras eran las reinas, las había de tamaños y formas diferentes cubiertas de dibujos hechos por microorganismos pintores, para mirar el paisaje había que pararse, entonces veías picachos de piedras, destacando en el cielo azul, abajo seguían las piedras, y el río que cruzamos un par de veces hasta que por fin salimos de aquel pedregal a un camino de tierra, pero…el camino empezó a ascender sin piedad después de tres horas de esfuerzo y llegamos por fin al pueblo, y un kilometro más hasta el restaurante “El Ventorrillero” donde teníamos reservada la comida que fue deseada, rica y servida con simpatía.
Regresamos a los coches, nos despedimos y para casita, felices y contentos de haber compartido un hermoso día.
Hasta la próxima, que disfrutéis todos de salud y Paz.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor

lunes, 20 de enero de 2020

Santa Ana la Real los chorros de Joyarancón. 11-1-2020


Los ángeles de Navidad ya guardaron sus trompetas, cayó sobre Sevilla la lluvia de caramelos y los andakanos se disponen para la primera salida de este recién nacido 2020. L luna aún lucía en el cielo con su luz rosada y el sol aún no había aparecido en el horizonte cuando 10 andakanos nos pusimos en marcha hacia Aracena, esta vez nos acompañan Pepe López y su preciosa hija Mari Luz. ¡Ojalá! Les guste y se renueve el grupo.
La meta elegida fue Santa Ana la Real donde dejamos los coches. Empezamos a caminar por un tramo que va hacia Jabugo para más adelante girar hacia los chorros de Joyarancón y el bosque de las letras, rincón que ha sido puesto en valor por la Consejería de Turismo rural. Los castaños desnudos nos acompañaran con sus troncos retorcidos y huecos donde condensan su energía para una nueva explosión de vida en la próxima primavera.
En el bosque de las letras encontramos varias familias con niños y cuentos de estos colgados de los árboles, así como, un armario de piedra donde se encuentran los libros que dejan y buscan los amantes de la lectura en papel, que por fortuna aún quedan en este nuevo reino virtual. Pasamos por el barranco de “El Negrito” sin agua, pero por otros si corría hasta llegar al de Santa Ana que hasta tenía pozas que invitaban al baño. Estos cursos de agua tenían sus puentes de madera para cruzarlos, en uno de ellos sin terminar a Enrique se le despertó el niño interior y se marcó un numero de equilibrio sobre unas paralelas, momento jubiloso que aprovechamos para cantar feliz cumpleaños a Joaquín, que creo que va por los 27. Comimos en Santa Ana en el bar “Las cuarto esquinas”, y después camino de los coches nos encontramos a un grupo de mujeres que tomaban el sol una de ellas de tez tersa y ojillos vivaces cumplirá en abril los 100 años, se lo deseamos felices. Alcanzamos los coches y nos despedimos hasta la próxima, que pinta interesante con barbacoa en El Ronquillo, no faltéis, y hasta entonces salud y paz para todos.
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor.

martes, 31 de diciembre de 2019

Fin de curso en Benasque. 2 al 8-6-2019


El día 1 de junio de 2019, Sevilla se vistió de esplendor patriótico con el desfile de las fuerzas armadas, al día siguiente los andakanos emprendimos, un año más, el camino hacia el norte para el viaje de fin de curso. De los 8 que seríamos quedamos 7, Juana se quedo atrás por asuntos propios.
Salimos por la ruta de la Plata, acompañados por campos de girasoles, adelfas y retamas, y un horizonte prometedor. Subimos a Medinaceli para comer, esa ciudad histórica encaramada en un altiplano, con su arco romano, sus casonas de piedra, sus plazas recoletas y ese Cristo asidero de fe, donde tantas veces nos hemos parado. Seguimos camino por paisajes cambiantes hasta llegar al desfiladero profundo que el río Esera fue erosionando en miles de años y que ahora nos conduce hasta el valle de Benasque con sus campos de trigo y sus huertas, custodiados por los picos pirenaicos que a nuestra llegada se perdían en el último resplandor de un atardecer luminoso, tomamos posesión de casa “Pichuana” y nos fuimos a buscar la cena en un pueblo solitario.
En nuestra primera salida, partimos del pueblo hacia un sendero circular llamado de los tres barrancos, cruzamos el río y comenzamos la subida por un sendero estrecho entre hierbas altas y ramilletes de pequeñas flores de colores y formas diversas, tan preciosas como las que los frailes medievales utilizaban para iluminar los libros de horas de beatos y reinas. Seguimos subiendo por media montaña hasta llegar a los barrancos formados por la erosión de glaciares cuaternarios, disfrutamos del paraje abrupto y rocoso, avistando en las paradas el valle y el pueblo de Benasque, en forma de abanico abierto, hacia el que emprendimos el regreso que fue duro por el fuerte desnivel y las piedras sueltas del sendero, al llegar al pueblo, el plan de compras para hacer la comida en la casa quedó aplazado y nos fuimos a comer al centro en el sitio que nos indicó un lugareño. Por la tarde disfrutamos haciendo las compras que trasladamos en dos carros del super hasta la casa, Joaquín nos preparó una rica ensalada para la cena sellada con chupito de hierbas.
El martes 4 nos fuimos todos en la autocaravana hasta Los Llanos del Hospital, donde la dejamos y empezamos la subida hacia los “montes malditos” nuestra meta era la sima de “Forau d’Aigualluts”, un lugar impresionante donde se recoge las aguas que bajan del Aneto, custodiadas por farallones verticales, estas aguas forman una laguna superficial que se escapan bajo tierra, por un gran agujero, para salir 4 kilómetros más adelante para alimentar, en Francia, el río Garona. Seguimos para ver la cascada que veíamos entre los árboles  y descubrimos una nueva maravilla, la cascada que bajaba a toda prisa desde el pico del Aneto, atravesaba un nevero de 2 metros de espesor y salía unos metros más abajo formando un túnel de nieve para seguir cayendo hacia la laguna de abajo, un poco más arriba nos encontramos con una pradera muy verde donde múltiples arroyuelos confluían para  alimentar la cascada, y en el fondo se erguía soberana la silueta piramidal del Aneto sobre un cielo azul. Dejamos allí montañas y cascadas y emprendimos la bajada por senderos escalonados entre hayas, abetos y pinos alternando con praderas verdes colonizadas por narcisos, árnicas y botones de oro que hacían casi invisibles otras flores minúsculas, y en las zonas más húmedas las rocas desnudas cubiertas de esponjosos líquenes, de la fauna invisible que habitan en los montes vimos algunas marmotas paseándose por las praderas. Un día hermoso con ráfagas de viento.
El miércoles 5 como amaneció lloviendo aprovechamos para culturizarnos, todos en la “Mejorana” hasta el pueblo de La Roda de Isabena, uno de los más bonitos de España aunque solo tenga 20 habitantes, calles pintorescas con arcos de piedra y pasadizos estrechos, casa blasonadas y balcón asomado al valle, pero la joya del pueblo es su catedral románica del siglo XII, aunque tiene una nave gótica del XVI y un coro del XVII, su originalidad radica en la cripta abierta sostenida por arcos y el sepulcro de San Román con sus figuras talladas de la vida de Cristo. Hicimos una parada para comer y seguimos hasta el vecino valle de Bái para visitar la iglesia románica de San Clemente de Tahull con su esbelta torre, famosa por sus frescos románicos que para nuestra sorpresa ya no están allí sino en un museo en Barcelona. Con las tecnologías modernas han conseguido camelar al público proyectando sobre las paredes desnudas los frescos auténticos, por los que fue incluida por la Unesco patrimonio de la humanidad. De regreso a Benasque hicimos una parada en el lago de Eriste, donde un cisne solitario vino a saludarnos.
El jueves salimos del pueblo a pie, cruzamos el Esera que seguimos en su curso por un llano y sombreado sendero donde abundaban los cantos rodados, un rebaño de ovejas esperaba su turno en el campo de baloncesto, era el primer rebaño que encontramos, llegamos al pueblo de Anciles con sus casas nobles y su silenciosa quietud, y seguimos caminando hasta el embalse de Eriste que se alimenta de las aguas rápidas de los neveros que aprovechan para electricidad, el sendero seguía por la selva de Conques por caminos en galería donde se filtraba la luz vibrante entre las copas de los árboles, en los claros aparecían pastizales y flores alpinas, en esta zona eran abundantes las cicutas u orilleras, esas flores blancas como de encajes esparcidas en el verde, llegamos de nuevo a Anciles y seguimos hacia Benasque donde llegamos a tiempo para comernos el bocadillo en casa, descansamos y por unanimidad decidimos que era el día ideal para las tradicionales poleás que nos supieron a gloria ya que el producto rey es el cariño con el que están hechas.
El viernes 7 amaneció de nuevo lloviendo, pero con buen pronóstico para la tarde, así que nos fuimos de paseo por el pueblo mientras Joaquín nos preparó un arroz con pollo y verduras para chuparse los “deos”, un descansito y todos de nuevo a la “Mejorana” para subir a Cerler, el pueblito donde se encuentra la estación de esquí de Benasque, desde allí partimos para la ruta de las tres cascadas, entramos por un sendero en galería donde abundaban los espinos blancos floridos tan grandes como árboles, luego salimos a un gran barranco abierto al cielo y en el fondo saltando enormes rocas bajaban las espumosas aguas de las cascadas, a las que pronto dimos vista, bajaban estas por las gargantas verdes altas y esbeltas, pero la más espectacular la encontramos al fondo que se desplegaba como velo de una novia sobre la roca oscura, arrancando con su fuerza gotitas de agua que llegaba a nosotros en forma de lluvia, después de contemplar tan belleza regresamos por el mismo sendero al punto de partida, cenamos pronto y nos fuimos a preparar el regreso, esta vez a casita. De los 7 hubo 3 que se fueron para otros puntos del norte, y solo el coche de Miguel, con Loli, Mercedes y Blanca bajamos al sur.
Ha sido un fin de curso lleno de imprevistos, pero no por eso ha dejado de ser rico, por la convivencia amistosa y por esa naturaleza siempre sorprendente que te lleva a pensar que detrás de tanta belleza real, tal vez haya una fuerza espiritual invisible que envuelve los lugares de magia y nos da la energía suficiente para seguir caminando en nuestro día a día.
Gracias a todos y cada uno por su presencia, y para otro año ¡animaros que celebraremos los 20 años del grupo!
Fdo.: Blanca
Andakana Mayor